ASENTAMIENTO "LAS FLORES DE ANDALUCÍA". Cantón El Cuco (San Miguel. El Salvador.
Las flores de Andalucía es un asentamiento integral para las personas damnificadas por el huracán “Mitch”, que azotó en octubre de 1998 América Central, ocasionando daños catastróficos en ciudades y zonas rurales muy pobladas. Está situado en la costa del océano Pacífico, al sureste de El Salvador en el Cantón El Cuco, una de las zonas más deprimida del país, que se vio gravemente afectada por la tormenta tropical. La Junta de Andalucía, como otras instituciones también, ofreció su ayuda para contribuir a la reconstrucción de las áreas dañadas. Se decidió actuar mediante un proyecto integral que comprende varios aspectos: 278 viviendas, urbanización, espacios libres comunitarios, y edificios públicos (casa comunal, escuela, centro de actividades escolares), para de todos los elementos necesarios para el desarrollo de las actividades humanas.
La concepción de la ordenación y la urbanización como espacio vital de la comunidad, particularizado según las necesidades de la población en espacios comunes, se apoya en un emplazamiento peculiar, entre el océano y las montañas, aprovechando las vistas sobre el mar y las brisas. En proyecto y ejecución se debería ensayar procedimientos constructivos para la actualización del tipo de vivienda con materiales básicos de rápido acceso y con costes controlados. Se adoptan como principios directores la adecuación al clima y al relieve del lugar, la previsión del mantenimiento y el uso futuro de las viviendas, así como la incorporación de técnicas de protección ambiental. La dotación de una depuradora de aguas residuales de sencillo funcionamiento y bajo mantenimiento debe fomentar la depuración de vertidos al litoral, hasta este momento inexistente en la zona, y por tanto el desarrollo turístico y la comercialización de la pesca artesanal.
Los edificios públicos se sitúan al norte del conjunto, junto a la zona libre verde, la plaza y las calles, que se abren hacia las montañas. Así, situados junto al bosque, definen una corona, de manera que el espacio no decrezca desde el núcleo original hacia fuera, sino que esté ceñido por los equipamientos asociados en la cima. La trama geométrica de la ordenación se transforma en un mundo orgánico y cambiante al superponerla al relieve del terreno. Las parcelas tienen una pendiente hacia el sur y el este y crean una serie de plataformas. Los edificios se adaptan en su configuración a los niveles del terreno y crean una alteración en su perfil, lo que modela a la vez las cubiertas y que propicia una visión de casas que surgen de entre los árboles, con miradas cambiantes, según las miras desde arriba o desde abajo. De esta manera se introduce en el proyecto una componente temporal, que parece variar con las rasantes del terreno.
La vegetación, más alta y superpuesta a la trama regular, refleja a un mundo paralelo, que es soporte y cobertura de todo. El arbolado proporciona orden e identidad, es el cielo protector cercano y transparente, que ofrece fruta y leña. Debajo hay casas, personas, como si se tratara de un espacio interior. En el pavimento de las calles se dibuja la dulce sombra de los árboles. Un anillo de circulación interior ofrece espacio a ámbitos internos; una vaguada central diagonal es paso peatonal alternativo para atravesar, íntimo, para una visita al interior de las manzanas. Un anillo verde, que rodea al pueblo, crea un fondo del mundo ilimitado, un espacio de paseo y de conexión entre lo urbano y el paisaje, una ventana abierta a lo trascendente, siendo antesala, jardín o porche para el poblado.
La vivienda es la célula. No crea un espacio urbano por su simple repetición. Su especialización, su posición en relación con el terreno, su orientación, la individualidad de sus vistas, hacen que las viviendas sean diversas y el organismo urbano complejo. En cuanto a los materiales, se recoge lo disponible, los de la industria, para todos, pero dándole un valor, haciendo una casa, no un módulo, una caja o algo provisional. El proyecto no da nada por sentado, queremos ver lo que se hacía, cómo era, profundizar y llevarlo a su máxima tensión en el momento.
El diseño de los edificios públicos se guía por la forma de las viviendas, basándose en la sección en sentido alargado, ofreciendo espacios cerrados y abiertos como lugares de reunión y protección del sol y la lluvia. Disponen de un sistema de ventilación natural por las limatesas de las cubiertas metálicas. Están provistos de grandes huecos, que permiten la relación sus galerías y terrazas, la plaza y las calles. La transparencia sirve de llamada cuando de noche se ilumine el interior.